Sevilha 21 de Abril em "mundotoro".
"Beber en una copa de balón es como ver a Finito torear. Cómo va a ser lo mismo un gin tonic, en vaso ancho, de plástico blando, que en una copa de cristal con sus hielos haciendo cling cling. El sabor no es igual, como no es igual la torería del de Córdoba cuando lo siente de verdad. El martes de farolillos dio para muchos detalles y ajetreo. Manzanares, indispuesto, tuvo que ser atendido en la enfermería y se corrió turno para que Daniel Luque, más firme que nunca, lidiase el quinto, mientras el alicantino se recuperaba. En el tendido de sol se levantó un hombre para cantar, en un momento peculiar, en el tercio de banderillas. Los hermanos Neiro, acabaron saludaron y tapando la voz del pobre hombre. A la salida del festejo, una mujer en la Puerta del Príncipe vestida de flamenca por Juana Martín, otra cordobesa, nos regresaba al arte de Finito. Anda que no. La Maestranza recuperó su sevillanía con una corrida de perfecta presentación de El Pilar, con toros destacables, como el primero, sobresaliente, o el segundo con más genio. A partir de ahí se fue complicando la cosa con un tercero más mirón; un cuarto que echó la cara arriba en el caballo, sin clase ni raza; un quinto, en realidad, sexto en orden de lidia original, que fue el peor; y un último toro sin fondo. Abrió plaza un colorado, alto, estrecho de sienes. Fino. Tres medias muy recogidas, de manos juntas. La lidia fue mala pero a pesar de eso el toro no alteró su condición de querer tomar los engaños humillando y con clase. El inicio de muleta fue muy exigente y el de Córdoba comenzó a destellar. Bellos los remates, soltando la muleta en la mano contrario, casi como un pase del desdén. Fueron dos series por la derecha con el mismo son, y con la izquierda los naturales largos arrancaron la música. Con un molinete de adorno, volvió a la diestra, en una serie en la que hubo enganchones, pero consiguió que se olvidaran a base de torería, naturalidad y muletazos de calidad. Hubo también detalles finales antes de dejar una buena estocada, pero al emplear el descabello se desvaneció el premio. Tanto el toro como el torero fueron ovacionados pero la labor de Finito, por distinción, quizá mereciera la vuelta al ruedo. El segundo colorado, serio igual, más bajo, tuvo un punto de genio que Manzanares supo templar a la verónica. Se arrancó de lejos al caballo por dos veces y derribó en el primer encuentro. El alicantino, puesto a continuar en la línea de los detalles, llevó al toro andando delante de la cara, despacito, hasta donde quiso, sin pegarle el pase. Se le vino cruzado en la primera serie porque siempre tuvo esa tendencia de querer pasar cerca, pero una vez enganchado, qué manera de seguir la muleta. El alicantino se recreó en los pases de pecho y en las últimas series, el toro ya se volvió mirón y cabeceaba. Y lo pinchó. Cosa que volvería a hacer después en el último toro. Luque, el sevillano por nacimiento del cartel, vino a mostrar una firmeza y a no quedarse atrás en expresión. El tercero, de cara bonita, embistió sin salir del vuelo del capote a la verónica. Brindó al público y asentado en el centro del ruedo, desarrolló la faena frente a un toro que tuvo transmisión de largo pero que también miró al torero y fue algo mansito. Lo mejor, otro momento de copa de balón, cogiendo la muleta del revés, con el pico hacia dentro, en una última tanda. También pinchó. En estos tres primeros toros sonó un aviso porque las faenas tuvieron interés y momentos de belleza y expresividad. El cuarto ya se pasó en su intención de ajustarse al torero y el quinto salió barbeando las tablas. Luque lo recogió en el centro del ruedo con mucha soltura en el capote, para luego iniciar la faena de muleta a pies juntos, muy cerrado en tablas y ver como el toro salía escupido de esa serie directo a la puerta de chiqueros. El sexto, castaño, tuvo buen tranco de salida, cómo se movió en el capote de Curro Javier -que también se desmonteró anteriormente- pero llegó muy parado a la muleta. Tampoco Manzanares se encontraba en su mejor momento. Lo que le pasó es que no cenó con vajilla de La Cartuja. Salud, miarma."
